La práctica de la actividad física conlleva un aumento de la sudoración y por tanto la necesidad de ingerir agua.

Para un adulto la ingesta normal de agua es de 2 a 3 litros diarios, llegando a añadir  un mínimo de medio litro de agua por hora de actividad física (ligera o moderada) realizada.

Además de agua, es necesario añadir sales para reponer las que se han perdido a través del sudor, con el fin de evitar problemas como calambres, mareos o golpes de calor.

Mantener el equilibrio hídrico conlleva una mejora en el desarrollo de la actividad física, mejora la contracción muscular, favorece la eliminación de toxinas y lubrica las articulaciones.

Tiene un papel fundamental a la hora de contrarrestar la pérdida de energía que se disipa durante la realización de actividad física en forma de calor.

Por lo tanto mantener una adecuada hidratación antes, durante y después de la realización de la actividad física es esencial para la práctica responsable y segura de cualquier deporte y lograr así un mayor desempeño físico.

  • Antes: 500 ml 1-2 horas previas.
  • Durante: 100-200 ml cada 15-20 minutos.
  • Después: alrededor del 150% del peso perdido.

La ingesta de agua debe realizarse en intervalos regulares y no ha de obedecer a cuando tengamos sed, sino que debemos anticiparnos a las necesidades de nuestro cuerpo y no esperar a tener sed para beber agua.

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